Dislipidemia: Causas y tratamientos
ÍNDICE
La dislipidemia, también conocida como colesterol o triglicéridos altos, es una alteración cada vez más frecuente, especialmente en mujeres a partir de los 30 años o durante la menopausia. Aunque puede pasar desapercibida, aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares si no se detecta y trata a tiempo.
En este artículo descubrirás qué es la dislipidemia, sus causas, síntomas más visibles y los tratamientos más eficaces para mantener tu salud cardiovascular bajo control.
Introducción
La salud del corazón suele recibir menos atención de la que merece, especialmente entre las mujeres. Sin embargo, las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte femenina en el mundo, y uno de los factores que más influye en su aparición es la dislipidemia, una alteración en los niveles de colesterol o triglicéridos en sangre (World Health Organization, 2023).
Lo preocupante es que la dislipidemia no presenta síntomas claros al contrario de otras enfermedades cardiovasculares. Puedes sentirte bien, mantener una vida activa y, aun así, tener niveles de colesterol LDL (“malo”) o triglicéridos elevados sin saberlo. Por ello es necesario que conozcas sus causas, prevenirlas y tratarlas a tiempo siendo esta una forma de autocuidado y prevención activa.
Qué es la dislipidemia y cómo afecta a las mujeres
La dislipidemia ocurre cuando hay un desequilibrio en las grasas del cuerpo, el colesterol “malo” (LDL) está elevado, el “bueno” (HDL) está bajo o los triglicéridos superan los valores normales. Este desbalance puede dañar las arterias y aumentar el riesgo de infarto o accidente cerebrovascular (Mach et al., 2023).
En las mujeres, hay etapas especialmente sensibles en las que el riesgo aumenta:
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Durante la menopausia, los niveles de estrógenos bajan y el colesterol LDL tiende a subir. Recuerda que los estrógenos son cardioprotectores.
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En el embarazo, pueden aparecer alteraciones transitorias en los lípidos.
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En mujeres jóvenes,con niveles de estrés altos, dietas restrictivas y falta de sueño también afecta al equilibrio lipídico.
Reconocer estas fases de la vida que vienen acompañadas de variaciones hormonales y fisiológicas ayuda a actuar a tiempo y evitar problemas de salud.
Causas y factores de riesgo más comunes
Aunque la genética puede influir, la mayoría de los casos de dislipidemia se deben a factores de estilo de vida.
Entre los más frecuentes en mujeres se encuentran:
- Alimentación desequilibrada, exceso de ultra procesados, azúcares y grasas saturadas.
- Sedentarismo, trabajos de oficina o rutinas con poca actividad física. Menos de 8.000 pasos al día es síntoma de que eres sedentaria/o.
- Estrés crónico, que eleva los niveles de cortisol y altera el metabolismo de las grasas.
- Cambios hormonales como la menopausia, anticonceptivos orales o síndrome de ovario poliquístico (SOP).
- Tabaquismo y alcohol, reducen el colesterol HDL y aumentan triglicéridos. Además de aumentar el estrés oxidativo
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Otras enfermedades como la diabetes tipo 2, hipotiroidismo o enfermedades renales (Grundy et al., 2019).
La mayoría de estos factores son modificables de manera sencilla a través de pequeños cambios en el estilo de vida y la nutrición principalmente.
Síntomas y señales de alerta
La dislipidemia suele avanzar sin presentar muchos síntomas, pero el cuerpo envía señales visibles o cotidianas que pueden servir de aviso. Así que estate atenta porque debes conocerlas.
En mujeres, algunas manifestaciones frecuentes incluyen:
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Cansancio o pesadez incluso tras dormir bien.
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Dolor o presión en el pecho al hacer esfuerzo o durante situaciones de estrés.
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Mareos o sensación de “niebla mental” al levantarte rápido.
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Aumento de grasa abdominal, especialmente alrededor de la cintura.
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Piel más grasa o aparición de pequeñas manchas amarillas (xantelasmas) cerca de los ojos.
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Manos y pies fríos o sensación de hormigueo.
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Digestiones lentas o sensación de pesadez post comida.
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Dificultad para recuperarte tras entrenar o sensación de agotamiento constante.
Estas señales no siempre implican una dislipidemia, pero cuando coinciden con antecedentes familiares o hábitos sedentarios, es recomendable realizar una analítica en la que se valoren los parámetros cardiovasculares, aunque de esto vamos a hablar en el siguiente apartado.
Diagnóstico y parámetros saludables
El diagnóstico se realiza mediante una analítica de sangre en ayunas que mide:
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Colesterol total
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LDL (colesterol “malo”)
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HDL (colesterol “bueno”)
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Triglicéridos
Según las guías actuales los valores ideales para evitar riesgos cardiovasculares tendrían que verse tal que así:
| Parámetro | Valor ideal |
| Colesterol total | < 200 mg/dL |
| LDL-c | < 100 mg/dL (ó < 70 mg/dL si hay alto riesgo) |
| HDL-c | > 50 mg/dL |
| Triglicéridos | < 150 mg/dL |
Tabla 1. Valores cardiovasculares saludables. Adaptado de (Mach et al., 2023)
Un control trimestral permite anticiparse a posibles problemas futuros, recuerda que la salud no empieza en el tratamiento sino en la prevención.
Y si hablamos de tratamientos, vamos a ver cómo podemos tratar la dislipemia.
Tratamientos naturales y cambios en el estilo de vida
El primer paso es siempre ajustar los hábitos diarios. En mujeres, estos cambios no solo mejoran los niveles de colesterol, sino también la energía, el descanso y el bienestar hormonal.
Alimentación saludable y equilibrada
Comer bien no es algo negociable y menos en estos contextos por lo que vas a poder quedarte con algunas recomendaciones prácticas como son:
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Evita grasas trans y saturadas.
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Aumenta el consumo de frutas, verduras y legumbres.
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Elige grasas saludables (insaturadas) como el aceite de oliva, aguacate, frutos secos.
- Incluye omega 3 (pescado azul o suplementos) por su efecto cardioprotector.
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Sigue una dieta mediterránea o DASH, ambas con evidencia sólida (Estruch et al., 2022).
Actividad física regular
El movimiento es una herramienta terapéutica por lo que el objetivo de movimiento debe estar en torno a los 150 minutos de ejercicio moderado por semana y dos sesiones de fuerza (Piercy et al., 2018).
Esto producirá mejoras en el colesterol HDL y reduce triglicéridos, reduciendo así el riesgo cardiovascular.
Manejo del estrés y sueño reparador
Dormir mal o vivir con estrés crónico altera el equilibrio hormonal y favorece el aumento de lípidos. Incorporar pausas, técnicas de respiración, yoga o caminatas tranquilas o suplementos como la ashwagandha ayudan a mantener los niveles de estrés a raya y mejoran tanto la calidad como la latencia del sueño.
Tratamientos farmacológicos: cuándo son necesarios
Si los cambios de hábitos no son suficientes o el riesgo cardiovascular es alto, el médico puede recetar ciertos fármacos como son:
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Estatinas: reducen la producción de colesterol hepático (Silverman et al., 2016).
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Fibratos: útiles cuando predominan los triglicéridos elevados (Fruchart et al., 2019).
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Ezetimiba: bloquea la absorción intestinal del colesterol (Cannon et al., 2015).
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Inhibidores de PCSK9 e incluirán: terapias más recientes y eficaces para casos resistentes (Sabatine et al., 2017; Ray et al., 2023).
Cada tratamiento es individual y debe ser recetado por un médico teniendo en cuenta el contexto y los riesgos de la persona.

Conclusión
La dislipidemia representa uno de los principales factores de riesgo modificables en el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, responsables de una alta carga de morbilidad y mortalidad a nivel mundial. Su carácter frecuentemente asintomático destaca la importancia del diagnóstico precoz y del control periódico del perfil lipídico, especialmente en mujeres, que su cuerpo varía a lo largo de las diferentes etapas hormonales de la vida (Mach et al., 2023).
La evidencia científica actual demuestra que la intervención combinada de modificaciones en el estilo de vida (basadas en una alimentación equilibrada, ejercicio regular, manejo del estrés y abandono del tabaco) junto con el uso racional (cuando es necesario) de terapias farmacológicas, es la estrategia más eficaz para reducir los niveles de colesterol LDL, mejorar el perfil lipídico global y disminuir el riesgo cardiovascular a largo plazo (Grundy et al., 2019; Estruch et al., 2022; Piepoli et al., 2021).
En definitiva, el abordaje de la dislipidemia requiere una visión integral y multidisciplinar, centrada en la educación sanitaria, la prevención y la adherencia terapéutica.
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